viernes, agosto 29, 2008

RENUNCIAR A TODO PARA SER FELIZ

En el programa, cada mañana se propone un tema del día para debatir con los oyentes. Hoy el tema del día versaba sobre la siguiente premisa: "Renunciar a todo para ser feliz". La verdad, es que al escuchar ese tema pensé en ÉL y en los sacrificios que ha hecho y hace para estar al lado de la persona que hoy les redacta estas líneas. Reconozco que a veces es complicado permanecer a mi lado, sobre todo, cuando me toca trabajar hasta horas intempestivas durante tiempo ilimitado y bajo un nivel de estrés fuera de lo corriente. El periodismo es así o, al menos, la cara de él que conozco más. Ahora, que gracias a mi nuevo trabajo estoy más tranquila, sigo mirando con cierto recelo aquellos años en los que ÉL tuvo que "abandonar" su empleo como cámara para buscar una vida mejor para ambos en la que ÉL y yo fuéramos algo más que dos personas que se tumban en una cama para compartir sueños en la madrugada de forma completamente inconsciente. Le admiro, porque ÉL ha sido capaz de enseñarme a ser feliz más allá del oficio de contar cosas. ÉL supo ser paciente y aplazar su talento y, a pesar de todo, sonríe cada mañana antes de ir a trabajar en algo que no es de lo suyo.
Renunciar a todo para ser feliz lo hizo también Eva. Ella abandonó su trabajo en Madrid, bien remunerado y aparentemente importante, por una vida tranquila en Albacete junto a su novio y su hija.
Dicen que la felicidad no es un cielo permanente y que es estar contento con lo que se hace en cada momento. Rindo mis respetos a todos aquellos que saben lo que tienen que hacer en cada instante y a los que no, admiro a los que son capaces de renunciar a algo por compartir, por amar a algo o a alguien que no sean ellos mismos.

miércoles, agosto 27, 2008

SE LLAMA LIGIA

He visto a Ifema cambiar muchas ocasiones de rostro. Unas veces se vestía de gala para acoger a la glamourosa Pasarela Cibeles y otras se cargaba de creatividad con eventos como ARCO, SIMO o Broadcast, entre otros. Pero el 20 de agosto el recinto de la Feria de Madrid volvió a portar su traje más siniestro, uno negro, para acoger a las más de 150 víctimas del accidente del vuelo de Spanair JK5022 que se estrelló en el aeropuerto de Madrid-Barajas.

En la redacción la noticia saltó pequeña, como lo hacen casi siempre la mayoría, pero fue ganando magnitud en la medida que avanzaban los minutos. Las cifras de fallecidos aumentaban y cada medido de comunicación empezaba a establecer sus propias hipótesis a cerca de las causas del siniestro. Por una parte, mis compañeros y yo queríamos averiguar todo lo que estaba pasando en Barajas, pero por otra no deseábamos bajo ningún concepto confundir a ningún oyente dando una información confusa o sin contrastar. Fue un día largo en el que todos, tras el trabajo,acabamos abandonando el estudio agotados, silenciosos y abatidos.

A la mañana siguiente logramos hablar con Ligia, una de las supervivientes del accidente. Aquella entrevista es, junto a las que hice en la estación de Atocha aquel fatidico 11 de marzo de 2004, la más delicada que he tenido la oportunidad de hacer en toda mi carrera.

Ha pasado una semana desde aquel accidente aéreo y la resaca informativa ya deja entrever los resultados de lo que algunos hicimos o dejamos de hacer ante aquella noticia. Un amigo periodista que tiene ya sus años, siempre me dice que no hay noticias buenas o noticias malas, sino buenos o malos comunicadores. Hacer información es relativamente fácil, lo complicado es hacerla bien. No se pueden controlar las circunstancias imprevistas y cuando todo se desborda hay que ser capaz de mostrar entereza, no dejarse llevar por la compasión y ser integro.

A veces me da por pensar porqué me metí en todo este lío mediático y no acabé siendo cocinera como le decía a mi madre cuando tenía cuatro años... Estoy aprendiendo mucho estos meses con mis compañeros. Cada día que pasa me doy más cuenta de que seré una eterna principiante, que mi carrera paso a paso va configurándose porque comienza cada mañana con un sencillo paso.

Han pasado 7 lunas desde el accidente de aquel MD-82, y nadie sabe lo profundamente que sentí las lágrimas que España derramó y que aún humedecen las almas de los que, por desgracia, físicamente ya no están aquí. En medio del silencio de la noche resuenan en mi las palabras de Ligia, una chica colombiana valiente que, como cada uno de nosotros, vuelve a nacer cada día.

lunes, agosto 11, 2008

BOGOTÁ
Surgió como aparecen los planes más estimulantes: de forma imprevista. Mi compañero Quique nos llamó a Marta y a mi a nuestras casas. "¿Queréis viajar a Bogotá para cubrir el partido Real Madrid- Santa Fé?"- dijo. Un simple "sí" fue suficiente y, tras las prisas, las maletas y los trámites burocráticos, 48 horas después los tres volábamos rumbo a Bogotá (Colombia), junto con 20 oyentes de la emisora.

Fue un viaje largo (10 horas de avión), en el que hubo de todo: risas, sueños, comida estupenda y fútbol, mucho fútbol. Sentada en la ventana del avión, a punto de aterrizar, pude vislumbrar a través de los cristales mil tipos de colores, la mayoría de ellos verdes, apilados unos tras otros como si fueran un puzzle en el que todas las piezas encajan perfectamente. Ya en tierra firme, sentí el olor de la humedad a una altitud de unos 2640 metros sobre el nivel del mar. Era extraño, pero no incómodo.

Nuestros compañeros de la mesa de trabajo de Bogotá no tardaron en ir a buscarnos al aeropuerto. Ellos fueron los mejores guías que jamás hayamos podido tener. Recién llegados, cansados e inquietos mirábamos a nuestro alrededor: la luz grisácea, el aire templado y el aroma a césped mojado convivían con la belleza de las montañas y el ajetreo de una gran ciudad en la que se puede percibir la ausencia en medio del bullicio.

Una canción, la Chispa adecuada de Héroes del Silencio, ponía la banda sonora a las imágenes que lentamente se grababan en mi retina, a través de la radio del coche de mi compañera María Elvira. Esos fueron mis primeros momentos en Bogotá. Tras un breve descanso en el hotel, llegó la noche, después la fiesta (la parranda o la rumba, como la llaman allá), y los sueños sobre mi lecho de plumas.

A la mañana siguiente Quique, Marta y la que escribe realizaron una transmisión desde los estudios situados en la calle 67, desde los que se podía tocar, literalmente, el cielo con las manos. Desde allí arriba las realidades tomaban un aspecto diferente, sobre todo, porque la vista alcanzaba a visualizar el monte, ese en el que se difuminan muchos anhelos.

Parece mentira, pero recorrimos la ciudad en tiempo récord, inclusive la Plaza de Simón Bolívar. El partido Real Madrid- Santa Fé fue la percha (el enganche, el soporte) que sostuvo nuestro reportaje. Un trabajo en el que no faltó la emoción de los abrazos de aquellos que no pisaban su país desde hace 13 años; el color de las frutas más exóticas expuestas en puestos en cada una de las esquinas de las calles; la música en forma de silencio; ni los aplausos de miles de aficionados emocionados por la pasión del fútbol.

Tomamos un vuelo chárter a las 20.30 horas, tras pasar seis cacheos en el aeropuerto. Cuando tomé asiento en el avión, mis ojos no alcanzaron a vislumbrar aquellos colores verdes del monte que me sedujeron a la llegada. Era de noche y el cielo se había apagado. Durante el despegue recordaba cada instante pasado junto a mis compañeros y la imagen de aquel monte perdido en el horizonte custodiando la ciudad. Pensé en el significado de la palabra "libertad": facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por que es responsable de sus actos. No pude evitar volver a mirar a través de la ventanilla y preguntarme: ¿Porqué aquí? ¿Porqué a ellos? Porqué...

Estaba medio adormilada, cuando una azafata se disponía a servir la cena. - ¡Son las cinco de la mañana y nos estamos comiendo un solomillo!. - me decía Quique entre risas. Tras la ingesta, me tumbé en mi asiento y cerré los ojos. Faltaban más de 9 horas para aterrizar en Madrid y yo seguía entre las nubes, soñando con aquellos colores, con aquel verde, aquel olor...

martes, agosto 05, 2008

DAN ABNORMAL

Esta mañana cuando salí de casa el autobús no se me escapó, logré no pasar excesivo calor cuando ascendía por la Gran Vía camino al trabajo y, lo mejor de todo, conseguí subir sola seis pisos en un ascensor claustrofóbico sin quedarme parada. Pero la gran noticia de hoy la he encontrado ojeando el diario EL PAIS y, para mi grata sorpresa tenía nombre propio: Damon Albarn.


Supe de su música y de su buen hacer cuando era una adolescente y desde entonces no he dejado de sentirme cautivada por ese hombre de ojos azules, cara de pillo y sonrisa turbadora. Hay muchas maneras de conocer los diferentes estilos de música; unos nos los muestran nuestros amigos, otros la familia, el novio... Pero el grupo que realmente descubrimos por nosotros mismos, ese es el nuestro. La música, al fin y al cabo, es como el amor, sólo puede ser experimentada en la propia alma. En mi caso quedé prendada por el brit-pop rebelde y poético de Albarn a través de una emisora de habla inglesa que emitía desde Levante. Estaba en el salón de mi casa cuando el tema The Universal provocó que mandara callar a toda la familia. Al día siguiente convencí a mi madre para que me llevara a una tienda de discos a comprarme el álbum The Great Escape, me gasté 2.000 pesetas de las de entonces, lo que equivalía a mi paga semanal de un mes. Ese fue el comienzo de nuestra amistad.

No soy una persona que venere a sus ídolos, pero con el tiempo Mr. Albarn se ha ganado mi respeto. Lo que empezó siendo un flirteo adolescente con una estrella del pop en los 90, con el paso de los años se ha convertido en admiración. Su carrera comenzó tímida cuando se matriculó en el en una universidad de Londres, en Goldmisths. Era un alumno que pasaba inadvertido, escuchaba a Satie y al cual no le gustaba nada ir a clase. "Sólo iba para estar en el campus", reconocía en una entrevista publicada por el diario británico The Guardian. Allí, en uno de sus ratos tranquilos de lectura, poesía y café, se encontró con Graham Coxon. Se hicieron amigos y empezaron a tocar, juntos formaron el grupo The Circus. Luego se unió a ellos Alex James y con la incorporación de Dave Rothwee, la banda empezó a tocar como Seymour. Meses después nació en 1989 Blur, mi grupo favorito.

Escribir su historia es, de alguna manera, redactar la mia, ya que de una forma u otra hemos crecido de la mano. Las letras de Albarn pusieron banda sonora a mi vida: me enamoré con She´s so higth; me rompieron el corazón con To the end; me enfadaba con mi madre con Caramel, abordé la muerte de mi mejor amigo con No distance left to run y me iba de fiesta con Boys and Girls.

Tuve la ocasión de ver a Blur en directo dos veces, una durante una escapada a los Pirineos, en el Doctors Music Festival y otra en La Riviera, hace cuatro años. La primera fue la más especial, porque en medio de todo ese festival logré coincidir con Albarn en la barra de un puesto. Él estaba rodeado de guardias y yo invadida por los nervios. Le miré inquieta, me miró atribulado y, tras recoger mi Coca Cola, intenté acercarme a él. Un guardaespaldas me intentó apartar y Albarn hizo un gesto para que me dejara en paz. "You ´re so great. I love your music, your music allways goes with me"- le dije tartamudeando. "If my music goes with you, you also go with me", contestó Albarn antes de irse. Entonces yo tenía 14 años y me había escapado sin permiso a un festival al cual tenían prohibida la entrada los menores de 18 años.

Hasta 2006 Blur publicó siete álbumes, de los cuales cinco de ellos fueron número uno en UK. Llevan dos años sin sacar un sólo disco, pero a diferencia de los demás miembros del grupo (algunos como Alex James se dedican a la venta de quesos), Albarn ha logrado reinventarse a sus cuarenta y tantos, seguir componiendo y trabajar en proyectos como Gorilaz o The good, the bad an de the queen. Lo último que sé de él es la noticia que hoy me llenaba de alegría: va a lanzar la música de Monkey: Journey to the west, una opera con raices chinas.

Hoy quiero, desde mi rinconcito de Madrid, dedicarle unas palabras a Damon Albarn, Dan Abnormal, como él mismo se autodefinía en una de sus canciones. Ese tipo tímido que le gusta verse sin ser visto, el que dijo "no" a las drogas, el que se manifestó contra la guerra de Irak, el dueño del bar Kaffibarinn en Reykjavik (Islandia), el vegetariano, el padre de Missy, el fanático del Chelsea y el tipo capaz de componer las canciones que me llegan, esas que solo soy capaz de compartir con el que sabe apreciarlas. Your music allways goes with me, forever and ever Mr. Albarn.

martes, julio 29, 2008

NO ESTES TRISTE

¡Prueba a surcar ríos, aunque el agua solo llegue a tus rodillas o te cubra y esté fría... Verás que hay mar. (Saldremos a la lluvia. No estés triste. Manolo García)

Si algo tienen en común todos mis amigos es que todos, absolutamente todos, son unos luchadores. A Fran, no recuerdo cómo le conocí, pero lo que sí puedo asegurarles es que fue en una de las etapas más felices de mi vida. Fue hace unos años haciendo practicas. Y, actualmente, tengo la suerte de compartir mis días, las rutinas y las noticias con él, mi amigo Fran, mi querido amigo.

Hoy quiero rendirle un pequeño homenaje a la persona que desde hace tiempo sabe lo que quiere y lo consigue. Al chico independiente, al cauto, al indeciso, al que vive en el barrio con su abuela, al que sueña entre las nubes con su chica ideal y al que pelea por los que quiere. Contar tu guerra es hablar de la mia.

Ojalá nunca vuelva a encontrarte con la mirada perdida en la nada tras la tibia luz transparente que separa tu mundo del mio. Ojalá tu música siempre suene y que yo esté a tu lado para escucharla. Ojalá siga caminando a tu lado, recta, serena y decidida, sin empujar jamás a nadie, tal y como tú me enseñaste. Ojalá todas las mañanas sean como las de hoy y que nunca, nunca jamás estés triste.

lunes, julio 21, 2008

SE LO QUE HICISTEIS...
El verano es una época de amores, desplantes, playa, sol, comilonas, aventuras, misterio y, porqué no, miedo. El pasado sábado pasé el día junto al mar en compañía de Eva, la pequeña Alba, Juandi, Garci y Alex. Estuvimos en San Juan (Alicante) tostándonos y saltando olas.

Garci y yo nos sentamos en un sofá sobre las once de la noche, agotados. Nuestro descanso tuvo lugar en la residencia de verano de mi amigo Alex. El enorme casérón, dotado de piscina y comodidades, estaba situado en una urbanización a las afueras de la ciudad, escarpado en una colina, rodeado de matorrales, árboles y pedruscos; sin más comunicación a los alrededores que una carretera local que estaba a un 1 kilómetro de distancia. Por supuesto, no había cobertura.

Tras una ducha, encendimos el DVD para ver La residencia, la opera prima de Chicho Ibáñez Serrador, un film digno de ser visto por cualquiera que adore el cine de terror. La película narraba la historia de un grupo de chicas que viven en un internado, las cuales, sin saberlo, habitan en compañía del más absoluto de los psicópatas. Entre navajazos y yugulares atravesadas con cuchillos, pasamos la velada. A la una de la madrugada, nada más terminar el filme, comenzó a aullar un perro lobo fuera de la casa y Garci, ante la lúgubre situación, decidió irse a su piso a dormir.

Allí quedamos Alex y la que escribe, incomunicados entre sombras, pensando que un señor cualquiera podría aparecer por la ventana con crueles intenciones. Dormimos en la misma habitación, en camas contiguas, para darnos apoyo y defendernos de nuestro miedo o de lo que se terciara. Afuera seguían aullando los animales de la noche.

No podíamos conciliar el sueño, la situación era de pesadilla y, encima, tampoco teníamos coche para bajar al pueblo. "¿Y si aparece un psico-killer? Es verano... ¿Y si nos atracan?", nos preguntábamos sin cesar.

Cuando estábamos a punto de dormir, y nuestro miedo prácticamente estaba disipado, sonó el pomo de la puerta. Alguien estaba intentando abrir la puerta y a Alex y a mi se nos puso la cara del color de la pared. Les diré que en ese momento mi estómago se desplazó a mi garganta. Alex salió disparado hacia el salón y yo me hice con un par de pedruscos que había en la colección de minerales de la habitación. Estábamos preparados para lo peor cuando tras la puerta encontramos a los padres de Alex, se habían ido de boda y querían dormir fresquitos en la finca.

Nada más verles, sonreimos. Ellos no sabían lo que habíamos hecho horas antes, tampoco lo que estábamos pensando.


jueves, julio 17, 2008

UNA TARDE DE VERANO

No se imaginan lo que me ha cambiado la vida en un mes. Desde que tengo tiempo para mi y mis cosas, me siento infinitamente mejor. Ayer por la tarde estuve paseando con mi amigo Lorenzo por el Retiro. Fui a buscarle a eso de las siete de la tarde a su casa y, para mi sorpresa, me encontré con que había escuchado mis audios de la radio. Nada más cruzar el umbral de la puerta me invitó a sentarme en el sofá azul, me ofreció una Coca- Cola y, mientras él se ponía los cascos en las orejas, la que escribe intentaba sorber burbujas a la velocidad del rayo.

-Están bien, Sara, pero pueden estar mejor. No me mire así jovencita, le faltan años. Dése tiempo. Me gusta volver a verla así de contenta, pero sobre todo, me gusta volver a verla- me dijo mientras sonreía. Me gusta ir a visitar a Lorenzo porque su casa me recuerda a un museo audiovisual escarpado entre las nubes del cielo madrileño.

Estuvimos paseando por el Retiro, charlando sobre la tele, la radio, los medios, los libros, los amigos, las vaciones y mil asuntos más. Lorenzo siempre dice que es feliz aquel que es capaz de disfrutar de los pequeños momentos que ofrece la vida a diario. Antes en mi anterior etapa profesional, apenas tenía tiempo de verme a mi misma, ahora, tras tardes como la de ayer, me he dado cuenta de que ya puedo ver a los demás.

martes, julio 15, 2008

RADIO, RECUERDOS, ILUSIONES Y... VIDA

Llevo un mes trabajando en la radio y, si les digo la verdad, estoy contenta. Llevaba tiempo sin sentir la compañía del micro, ese aparato extraño al que de manera interrumpida llevo viendole la cara desde que tenía 8 años. Recuerdo la primera vez que me puse delante de uno... Fue en una emisora venida a menos en Madrid. El presentador hacía entrevistas a niños que querían ser locutores y, entre ellos, estaba yo.
Ahora, que la profesión me da una segunda, más bien una tercera oportunidad; después de operarme de nódulos, sufrir agobios económicos para pagar foniatras y, ante todo, dejar de fumar como un carretero, quiero disfrutar de las noticias y del día a día en el medio que me cautivó cuando era tan solo una niña. Voy a vivir o, por lo menos, voy a intentarlo.

domingo, junio 22, 2008

LLEGÓ EL VERANO

Hoy ha comenzado el verano y estoy como unas castañuelas. Me cuesta reconocerlo, pero soy una de esas españolas que no pueden vivir sin sol. Adoro el calor, bajar a la piscina con EL, leer libros a la sombra y comer helados. Estoy contenta, con la llegada de las altas temperaturas han aparecido nuevas cosas en mi vida, entre ellas mi trabajo. Cauta, humilde e ilusionada asciendo por mi querida Gran Vía todas las mañanas para aterrizar en un estudio de radio. Todavía es pronto para hacer evaluaciones, pero solo puedo decirles que entre esas cuatro paredes he vuelto a sentirme bien y a tener ganas de contarle cosas al mundo.

El viernes pasado fue mi primer día serio en antena y, más allá de presentaciones y protocolos, fui feliz. Cuando comencé a hacer la entrevista, que versaba sobre los refugiados en Yemen, estaba nerviosa; después el nudo en el estómago se fue quitando y la magia llegó sin más. Conseguí implicarme en la historia que me contaba otra persona que me hablaba desde Oriente Próximo. Al terminar miré a Frans, uno de mis mejores amigos y el técnico del programa, e intenté hacerle partícipe de lo sucedido.

Me siento bien después de mucho tiempo, pero la radio no ha sido la única artífice de esta mejoría. La presencia de Eva en Madrid ha hecho que las noches en la capital vuelvan a vestirse de glamour y risas. El viernes estuvimos tomando cócktekes (Cosmopolitans, por supuesto) en José Alfredo, después estuvimos bailando por Huertas, para acabar en La Pirámide, un local donde el abueleo más selecto (los que superamos la barrera de los 25) se daba cita para cantar canciones de los 80. Fue un puntazo acabar la velada entonando Boys don´t cry de The Cure.

Más allá del sol, la radio, la Gran Vía y los Cosmopolitans, si no hay amigos con quien compartirlos nada de todo esto tiene el mismo encanto, ni el mismo sabor.

viernes, mayo 30, 2008

CARTA A MIS AMIGOS (Cuando cierro los ojos)

Queridos amigos:

Hoy me han dado el alta. Cuando me he sentado delante de esta pantalla, después de pasar tantos meses sin escribir, he querido que las primeras palabras sean para vosotros. Ha sido un tiempo de crisis que ha producido un cambio en mi, que me ha abierto los ojos ante una realidad que no he querido ver durante mucho tiempo.

Más allá del dolor, del collarín, los mareos y las pastillas, llega un día en el que te das cuenta de que la vida es un conjunto de instantes insignificantes que hacen que el paso del tiempo merezca la pena. Hubo un momento en el que creí perder el control del reloj que limita mis segundos; por suerte, lo recuperé.

He descubierto que no me quieren algunas personas que pensé que me querían. La carrera de la vida convierte a mucha gente en seres egoístas que solo piensan en "llegar a ser" y no en "ser". Hay personas que aprovechan la caída de un compañero para pasar por delante de él o directamente saltarle por encima cuando se ha caido en medio de la competición, con una única intención: ganar, ser el primero. Muy pocos cuando tropiezas están ahí para decirte: "Levántate y anda". Así es el duro mundo laboral, esa interminable carrera para unos; el deseo canalla para otros y la ambición frustrada para otros tantos. Yo me desmarco de todo eso. Lo malo que tiene estar parado físicamente es que tu cabeza no para de moverse y, en estos meses he analizado los porqués que me llevaron a dedicarme a la profesión más maravillosa del mundo. He llegado a la siguiente conclusión: No quiero que las historias de otros escriban la mia.

Por eso me siento hoy ante la extensión de mis manos para hablaros de la parte más bonita de mi, esa que me saca adelante en los malos momentos, la que me empapa de alegría el alma, la más sincera y de la que estoy profundamente orgullosa. Hay sentimientos que no se pueden traducir, se sienten o no se sienten, del que hablo es desinteresado y se manifiesta a través de una generosa empatía. Llevo muchos meses sin escribiros y hoy quiero que allá donde os encontréis os llegue esta carta enviada desde ninguna parte a cada uno de vosotros, mis queridos amigos.

El diccionario de la RAE se me queda corto para describir vuestro papel protagonista en la historia de mi vida. Si algo me hace feliz es cerrar los ojos y veros como os veo a cada uno: Me gusta ver a Eva y a Alba, su niña pequeña, subidas en un columpio. Me gusta verlas crecer juntas. Estoy muy orgullosa de ambas. Eva es honesta, valiente y camina despacio. Adoro sus pasos porque sin ella saberlo es dueña de una gran carrera. Quiero verla siempre soñando con banda sonora. Quiero que haga lo que haga sea feliz y sea ella: la actriz de mi película preferida; la que pinta con acuarelas sus sueños y crea magia a través de imágenes.

Cuando cierro los ojos también veo a Alex. Me gusta porque su voz a medida que pasa el tiempo suena más cálida. Quiero que luches por ti, porque tú más que nadie sabes que nunca estarás solo.Quiero que sigas gritando, que no pares, porque te están escuchando. Levanta la voz y mira al cielo. Quiero que tus historias, esas que llenan tus días, te sirvan para conocerte y descubrir que en tu silencio también habita el mio.

Cuando cierro los ojos me gusta ver a John. Me gusta como me sonrie a través del teléfono. Me gusta su mirada, porque gracias a ella no necesito hablar. Quiero que la línea indivisible y transparente que nos une te proporcione siempre todo el amor que tengo para tí más allá de las olas. Quiero que nunca dejes de desplegar tus alas al viento para ser cada día un poco más libre siendo fiel a ti mismo. Quiero que escribas, borres y emborrones. El resultado sabes que será un gran libro.

Cuando cierro los ojos veo a Franchu. Me gusta cuando camina, porque sabe hacerlo solo. Quiero que encuentres las respuestas a tus preguntas y que en medio del ruido escuches música. Quiero que flotes en la nube de un cielo imaginario, que lleves la magia a través del sonido a todos aquellos que sean capaces de percibirla. Quiero que más allá de la sombra encuentres esa cálida luz que te haga descubrir todos los porqués que tanto has buscado.

Cuando cierro los ojos veo a Garci. Me gusta porque sabe vivir y disfrutar lo que vive.Quiero que siempre saborees las mieles de lo desconocido, que rompas tus barreras y que navegues en el mar más transparente que exista. Quiero que sigas siendo rebelde porque sólo así nunca lograrás aburrirte.

Cuando cierro los ojos también veo a Javi. Me gustan sus manos. Quiero que siempre sea capaz de guardar una parcela en su vida para sus sueños no catódicos. Quiero que desee brillar fuera del cielo.

También vislumbro a Luisen. Cuando cierro los ojos le escucho en mi cuarto con nostalgia adolescente. Quiero que sea feliz y que sepa hallarse a sí mismo en medio de una habitación en la que no existen espejos. Quiero que nunca deje de encontrarse.

Cuando cierro los ojos también le veo a EL. Me gusta como me mira. Quiero que sigas jugando entre héroes de tinta china. Quiero que siempre me mires como me miras porque son tus ojos a través de los que veo yo. Quiero despertar y ver que nuestro sueño es real. Quiero que sigas soñando a mi lado.

Queridos amigos, hoy me han dado el alta. Quería daros las gracias por tantas cosas... Y pediros perdón por todas las demás. Sin vosotros nada de lo que pasa valdría la pena.

Un beso.


Sara

Pd: Dani, aunque materialmente no estés, ellos son la prueba de que nunca me dejaste sola. Para ti mis últimas palabras, esas que siempre escribo entre lágrimas porque tu ausencia abismal me va a doler eternamente. Para ti lo mejor de cada uno de mis amaneceres.



viernes, enero 04, 2008

YA ERA HORA

Todo cambio es una amenaza para la estabilidad. Empiezo 2008 dando vueltas, recién llegada de Albacete y con un par de kilos de más en mi voluptuoso trasero. La vida, queridos lectores, es increíble ayer me acosté pensando en un mañana incierto y cuando llega ese ansiado mañana y cuando menos me lo esperaba mi vida pega un giro de 180º.

En menos de tres horas he pasado de ser una trabajadora precaria -de esas que tienen contratos de uno, dos y tres meses- ha ser una currante del primer periódico económico de España, indefinida y con un sueldo decente que supera los 1.000 euros. Queridos lectores: NO ME LO PUEDO CREER. He amanecido en mi sillita, paseado por un par de despachos, hablado con jefes y todo... ¿Para que? Para acabar moviendo mis cosas a otra mesa y acabar en estado de shok mirando al horizonte.

Las reacciones al conocer mi cambio de situación han sido de todo tipo: -¡Ya vas a tener vacaciones pagadas!- decián unos. -¡ Pagas extra!- exclamaban otros. - ¡Y hasta días libres! - apostillaban también mis compañeros. Y mientras todo eso sucedía a mi alrededor la que escribe solo pensaba en el pasado, en los más de 200 artículos publicados, en ELLA, mi querida maestra, compañera y amiga, esa que siempre creyó en mi. No he podido evitar acordarme también de mis vaivenes financieros, de la radio, la universidad, los malos horarios, el sacrificio y demás sofocos.


Han tenido que pasar 4 años, más de una docena de contratos basura, miles de historias por mis manos en forma de líneas, muchos disgustos y, tal vez, demasiado esfuerzo, para firmar un papel que me hace redactora oficial de una cabecera. Ya ven, se confirma mi tería, el periodismo es una carrera de resistencia en la que no gana el más rápido, ni el que mejor corre, si no el que tiene más capacidad de aguante. ¿Quién dijo que esto era fácil? Empiezo el miércoles. Ya les contaré lo qué se siente al firmar ese documento. Todo está por ver. Espero que el cambio sea para bien y ser capaz de responder al reto que se me presenta en este nuevo año... Como dice EL: Ya se verá.

domingo, diciembre 30, 2007

NARANJAS, LIMONES Y 12 UVAS

El principio del final de mi año 2007 transcurrió en la cocina de la casa de Eva en Albacete. Nada más entrar por el umbral de la puerta mis ojos fueron a parar a una enorme bolsa de naranjas que estaba en un rincón cercano a la despensa. No tardé en coger una y ponerla justo bajo mi nariz... ¡Qué bien olía! Hacía tanto tiempo que no me detenía a disfrutar el aroma de esa maravillosa fruta... Bien por prisa o tal vez por carencia de los productos -ya se sabe las frutas que se compran en el super no desprenden el mismo perfume que las recién recolectadas del árbol-, el caso es que habían pasado unos cuantos meses desde que no me paraba a degustar las pequeñas cosas estupendas que rodean mi vida.

Esta noche sorprendentemente he dormido del tirón, algo que no me sucedía desde los meses estivales. Ha sido genial. Me he pasado el día con EL, Juandi, Eva y la divertida Alba dando vueltas por la ciudad, tomando café y yendo de tiendas. Al llegar a casa, después de cenar he acompañado a Alba a la cama y cuando ya la iba a dejar desacansando la pequeña me dijo:

- Mañana es Nochevieja.

Ha sido entonces cuando, tras mucho meditarlo, me he sentado frente al ordenador con el único propósito de darle gracias a lo que sea (no sé si se llama destino, Dios o energía) por permitirme llegar hasta aquí y contarles todo lo que a menudo les narro. 2007 ha sido un año de "vuelta al cole" para mí, tal vez durante estos 365 días he cursado la asignatura más importante de mi carrera que ha consistido en aprender a valorar mi vida que es una, única e irrepetible. He aprendido que los hospitales no me gustan, que los accidentes de tráfico son lo más triste que puede pasarle a alguien y que los enfermeros son auténticos jabatos capaces de lidiar con desquiciados.

En la vida hay momentos dulces y amargos como los limones. A lo largo de estos 365 días he aprendido a hacer frente a mis problemas, a diferenciar lo importante de lo urgente, a valorar a mis amigos, a la familia... He aprendido que nunca te puedes ir de una empresa cuando sientes que todavía te queda trabajo por hacer en ella. He corroborado que yo no soy mi oficio, que me gusta pasear, leer el Vogue y estar con la gente que me quiere. He tenido la oportunidad de conocer a unas compañeras de redacción excelentes que me han enseñado que estar no es lo mismo que compartir. He descubierto que hay personas que me aprecian mas de lo que pensaba y que estarían dispuestas a dar la cara por mi si se planteara alguna situación comprometida. También he caído en la cuenta de que hay otras que saldrían corriendo porque mi amistad no responde a sus intereses.

Me he ido de casa, ahora vivo feliz con EL y con Dinky, nuestro perro. Me he dado cuenta de que me falta tiempo. Sigo sin carné de conducir y ya no voy a clases de body combat. He descubierto que la vida en pareja es un camino en el que no basta con andar, sino que tienes que saber dar los pasos adecuando tu velocidad a la de tu compañero. Soy consciente de que tengo suerte.

Ya no les aburro más. Termino mis últimas líneas de 2007 tranquila, sentada en el ordenador de la casa de mi querida amiga Eva, tras vislumbrar la silueta de Alba tumbada en su camita soñando tal vez con Pocoyó. Mañana es Nochevieja, TVE emitirá su clásica gala que dura 6 ahoras, sonarán las campanadas en el reloj de la Puerta del Sol, cenarán de forma copiosa, tomarán las 12 uvas de la suerte y se reunirán con sus allegados para tomar unas copas. Empieza un año nuevo cargado de buenos deseos. ¿Saben ya cuál es el suyo? Repasen sus vidas y cuando lo tengan claro, cierren los ojos y formúlenlo en bajito para que nadie se entere. Si lo ansían de verdad, tienen 365 días para hacerlo realidad. Feliz 2008.

sábado, diciembre 22, 2007

DECIMOS SON ILUSIONES A FALTA DE MUCHOS MILLONES

Erase una vez...
Un par de trabajadoras interinas, de esas que tienen contratos precarios y a las que despiden cada cuatro meses para luego, con un poco de suerte, volverlas a contratar. Aquella mañana fría y gris de invierno Lola se despertó tempranito porque había quedado para ir a recoger la cesta de Navidad de su empresa. El reloj marcaba las 11 en punto y María no tardó en llamar al timbre.

- No te lo vas a creer, pero he soñado con el número del Gordo de la lotería. Era el 13030.- dijo la amiga nada más entrar por la puerta del domicilio.

Las dos se miraron de forma cómplice y, tras una sonrisa pícara, no tardaron en poner manos a la obra para encontrar la participación. Cogieron el coche y fueron a parar a la oficina para proveerse de las viandas tan típicas en estas fechas. Ya saben, más vale pájaro en mano que ciento volando.

Una vez recogido el regalo de la empresa, se sentaron en sus respectivos puestos de trabajo, encendieron los ordenadores y empezaron a indagar para encontrar la administración que vendía el 1303o. No tardaron mucho en averiguar que su boleto estaba en a la venta en la zona de Ríos Rosas, justo en la otra punta de Madrid desde el lugar donde se encontraban.

-Cierran a las dos. Esta tarde ya no venden billetes de lotería porque empiezan con las devoluciones. hay que darse prisa. - recalcó María.

-¡Vamos!- gritaron ambas llenas de energía.

Faltaba menos de una hora para el cierre, pero como se suele decir la ilusión mueve montañas e, incluso a veces, los coches atacados que se concentran en el centro de una ciudad. Tras ratos de risas nerviosas, música y un "tenemos que llegar", consiguieron aparcar en la puerta de la administración y comprar tres décimos del 13030.

- ¡Como alguien se entere de esto va a decir que estamos locas!- exclamaban entre ambas.

Al día siguiente se celebró el sorteo tan esperado de la lotería de Navidad y aquel 13030 tan ansiado por las dos chicas no resultó premiado, noticia que fue recibida por ambas con la misma sonrisa cómplice que se dedicaron aquella gélida mañana de diciembre.

En estas fechas en las que los regalos, las comilonas y los excesos marcan la pauta general de conducta popular muchos olvidan que hay un transfondo que a vec Navidad: un SMS de Montse,es se deja de lado y que es capaz de mover a cualquiera: la ilusión.

Hoy tras escuchar esta historia miré la lluvia caer por la ventana y pensé en mi Navidad: en Eva y en Alex a los que por fin iba a abrazar en fin de año, la tarjeta de Fran, la cita con Tere, la voz de John que me provoca lágrimas a través de la distancia, mi querido amigo el siempre currante Javi, aquellos bailes con Montse y los compañeros de la redacción en la fiesta del periódico, las luces del árbol que EL y yo pusimos en nuestro salón... Las primeras Navidades en nuestra casa, con Dinky ese regalo de cuatro patas tan esperado.

Cuando recuerdo lo que les ocurrió a Lola y a María no puedo evitar pensar que sin personas como ellas, sin sus locuras y, sobre todo, sin sus ilusiones la Navidad no sería Navidad.


miércoles, diciembre 05, 2007

EL PRINCIPIO DEL COMIENZO


Normalmente no suelo hablar demasiado del lugar en el que trabajo, pero hoy es diferente. Dicen que los edificios en los que las personas pasan bastante tiempo al final acaban por formar parte de ellas. En mi caso, al menos, es así. Para mi este edificio significa el principio de mi comienzo como periodista profesional.

Recuerdo el primer día que entré por la puerta. Fue con mucha gente de la facultad, todos estábamos citados para hacer una prueba teórico-práctica con el fin de conseguir ser becarios durante el verano. Al llegar, nos subieron a la planta dos y, curiosamente, me senté en el sitio de la que, meses más tarde, sería mi redactora jefe.

Rellené el test con un bolígrafo de la persona que ellí se sentaba, escribí el reportaje y, una vez terminada la prueba, introduje el boli de aquella periodista en mi bolso. "Me lo llevo de recuerdo. Al menos lo intenté"- me dije.

Pasaron las semanas, llegó junio y allí, tirada en el sofá de casa empecé a discutir con mi familia. La pregunta era: ¿Dónde vas a hacer las prácticas? La primera opción eran los informativos de lo que, hasta hace unos meses los españoles conocían como el ente público. La segunda era una emisora nacional importante, de donde ya me habían telefoneado tras una breve prueba de locución y, la tercera el periódico del que no tenía noticias.

-¡La radio, la niña se tiene que ir a la radio, que es lo que sabe hacer!- decía mi abuelo.

-No, no a la tele. Es mejor que vaya a Torrespaña.- sugería mi abuela.

-Ese sería el último sitio donde me gustaría que trabajaras, Sara. - apostilló mi madre, de la cual no me esperaba semejante comentario.

- ¿Y qué hago si de donde quiero no me llaman? Al final, me veo sin prácticas.- les dije.

- No te preocupes, estoy segura de que trabajarás en el periódico.- afirmó mi madre.

No sé si en aquel momento un Dios, en el que no creo, iluminó a mi progenitora pero, después de 48 horas de dudas, el móvil sonó mientras presenciaba un espectáculo de delfines en Tenerife. Al día siguiente, tras cuatro años de carrera, tres de prácticas y madrugones en una radio local y mucho esfuerzo, era becaria del segundo periódico más importante de este país. Lo que quería y, encima, sin pagar.

Empecé trabajando en la sección de gastronomía de una guía, pero al mes un redactor me dió la oportunidad de escribir en el área de televisión. Al principio no me gustaba, yo soñaba con escribir en nacional e investigar el 11-M y me encontré (con todos mis respetos) entrevistando a Bibiana Fernández. "Tienes 20 años. De todo se aprende"- me decían mis jefes.

Cuando cumplí los 21 acabé mi beca, que sólo duró tres meses, y estuve trabajando sin contrato desde septiembre hasta diciembre. El sueldo no me daba ni para pipas y serví copas en algún que otro bar. Llegó diciembre y cuando estaba a punto de mandarlo todo al carajo mis compañeros me llevaron a la mesa en la que hice mi prueba de ingreso. - Hay que cubrir el hueco de unos compañeros de la sección de comunicación y hemos pensado en ti.- me dijeron.

Todavía desconozco cómo fue pero, sin darme cuenta, volví a la mesa donde realicé aquellas pruebas. Allí estaba una mujer que, al poco rato de hablar conmigo, pronunció la palabra mágica: contrato. Cuando la vi lo primero que pensé: "Madre mia, ésta es la dueña del boli que robé en mayo".

Y así, por casualidades de la vida, conocí a una de las personas que marcó y sigue marcando mi carrera profesional. A los pocos días de estar junto a ELLA firmé mi primer artículo en el periódico. Un cuatro columnas sobre un 'reality' (malísimo) . Nunca olvidaré aquella sensación que experimenté. Recuerdo que me levanté por la mañana, llegué a la redacción, vi mi firma impresa, escondí cuatro ejemplares del periódico del día y me metí en el baño de la planta dos a dar saltos de alegría. Cuando salí, mi profesora de redacción periodística había dejado un mensaje en mi buzón de voz: "Mientras tus compañeros están sentados aquí, tú firmas en el periódico con 21 años. Felicidades". Pero, a pesar de aquellas felicitaciones, para mi fue duro afrontar que ya no iba al mismo ritmo que el resto de mis amigos a los que echaba tantísimo de menos.

Después de aquello, seguí trabajando y aprendiendo de ELLA, hasta que mi contrato terminó y me llevaron a otras secciones de cuyo nombre queridos lectores no quiero acordarme. Dicen que cuando empiezas en algo el principio es clave para desempeñar tus labores futuras y mi jefa, esa a la que robé el boli, me echó broncas, me dió oportunidades y, lo mejor de todo, fue la primera persona que creyó en mi (espero que siga siendo así). ELLA es importante porque ha marcado mi forma de trabajar y de ser como periodista. Forma parte de mi grupo de grandes profesionales que apostaron en algún momento de sus vidas por la que escribe sin pedir nada a cambio, sólo que trabaje bien.

Cuando me cambiaron de sección no aprecié el valor de lo que aprendí con ELLA. Pero cuando por circunstancias ajenas a mi, me vi obligada a trabajar año y medio fuera de estas paredes me di cuenta de que mis meses con ELLA habían sido más importantes de lo que pensaba.

Han pasado más de cuatro años desde que puse un pie en esta compañía que hoy cambia de sede. Me fui, pero he vuelto. Aquí me han pasado muchas cosas, unas buenas, otras no tanto. Sus paredes fueron testigo de mis éxitos y fracasos. Gané mucho y perdi bastantes cosas, entre ellas la confianza en mi misma. Pero de eso no quiero hablarles, porque en el fondo las novatadas se pagan y todos aquellos malos ratos me vinieron bien.

Esta mañana, mientras embalaba los trastos en mi cajita, han venido a mi cabeza todos estos recuerdos. Al fin y al cabo he pasado muchas horas aquí dentro y algo de aprecio le tengo a estas cuatro paredes. A veces me pregunto: ¿Que huebiera hecho con mi vida si desde los 8 años no hubiera querido dedicarme al oficio de contrar cosas?Si les soy sincera todavía no he logrado encontrar la respuesta, lo que si tengo claro es que si no fuera periodista, no sería yo.

martes, diciembre 04, 2007

REENCUENTROS

Me encanta la canción 1973 del nuevo disco del británico James Blunt. Habla de recuerdos, de la nostalgia, de los reencuentros que llegaron y de los que, probablemente, nunca volverán. El pasado sábado me reuní con dos de mis mejores amigos en Estrecho. Isa, una antigua compañera de piso de Jonh, daba una fiesta en su casa. Tras un viaje intenso en metro, mi canario favorito y yo divisamos la figura de Javi a lo lejos. Había estado esperándonos durante 15 minutos dentro de un cajero de Cajamadrid. Eran las 12.15 de la noche y hacía frío.
Javi cruzó la carretera y fue entonces cuando los tres nos fundimos en un cálido abrazo de esos que se quedan grabados en la memoria porque son de verdad, porque salen de dentro. Llevábamos varios meses sin vernos.

Entramos en la casa de Isa. Un piso antiguo, amplio, con patio comunitario, muchas ventanas y habitaciones blancas pintadas de manera uniforme, nos daba la bienvenida. Su interior, en el que se daban cita 30 personas, dejaba entrever vestigios del viejo Madrid tras sus paredes. No tardamos en servirnos una copa.

Con un wishky con cola en la mano, John, Javi y la que escribe empezamos a contarnos nuestras historias protagonizadas, la gran mayoría, por el hilo que nos unió un buen día en aquella facultad con forma de búnker y pasillos con olor a marihuana: el periodismo, esa enfermedad extraña, que cuando es vocacional, acaba por instalarse definitivamente en tu cuerpo de forma terminal y aunque, a veces resulte dolorosa, por mucho que te hace sufrir no quieres dejarla marchar. No tiene cura o, al menos Javi y yo, no queremos curarnos.

Jonh, de vez en cuando arremetía contra nosotros de forma graciosa reivindicando la integración en la comunidad que bailaba en el centro de la pista del salón. -¡Es que no sabéis hablar de otra cosa!- exclamaba. Después de aquello, empezamos a movernos entre los invitados. Charlamos con peruanos, argentinos, ecuatorianos y españoles. Fue divertido y, ante todo, multicultural. Hubo un momento en el que deseé que el tiempo se congelara. Javi y John estaban hablando de cómo nos conocimos en la facultad. Me recordó a la serie Aquellos maravillosos años.

Hoy, en medio del descanso de la hora de la comida, mientras escuchaba la última canción de Blunt, he sentido la necesidad de recordar aquella noche del pasado viernes. Esos momentos que me ayudan a seguir adelante en medio de la lucha diaria y que hacen que la distancia se convierta en magia cuando se rompen las barreras, creadas por los kilómetros, con un reencuentro. Como dice Blunt: Here we go again!

miércoles, noviembre 14, 2007

PARA SER CONDUCTOR DE PRIMERA...

Es una lástima, pero cuando te ganas la vida redactando líneas para contar lo que les pasa a otros a penas tienes tiempo para narrar lo que te ocurre a ti. Hoy es uno de esos días soleados de otoño en el que he decidido, en medio de mi fingido y corto descanso vespertino, ponerme a escribir sobre mi.

Últimamente estoy en una etapa en la que necesito engullir libros constantemente, como si fueran agua. Vuelvo a tener sed de páginas, y eso me gusta. Hacía tiempo que no me pasaba, tal vez desde la facultad. Otra vez siento esos cosquilleos extraños en la tripa cuando, casi de forma automática, dejo brotar las líneas de mis artículos en la pantalla del ordenador. Echaba de menos aquella ilusión del principio. Aquellas ganas que ahora vuelven como por arte de magia y se hacen cada vez más fuertes cuando dentro de mi noto la satisfacción de un trabajo bien hecho.

Tal vez esas ganas con las que me han impulsado a sacarme de una vez por todas el carné de conducir. Sentada en la mesa del periódico, veo caer las hojas de los árboles desde la ventana y me da por pensar si alguna vez en mi vida fui a demasida velocidad. A lo mejor, tenía demasiados anhelos, excesiva prisa por llegar a algún destino al que todavía no he logrado dar nombre.

¿Qué sucede cuando el conductor presiona más de la cuenta el acelerador de su vehículo? Un accidente, un susto del que no todos tienen la suerte de salir vivos. Ya lo dicen el la DGT: "Las prisas no son buenas". Pero, a día de hoy en el que no tengo tiempo para escribir sobre mis cosas, me he dado cuenta de que mis ansias de "nada" si fueron positivas. Gracias a ellas y a sus consecutivos golpes causados por bruscos cambios de sentido, he logrado volver al camino del principio. Estoy otra vez en el punto de partida conduciendo un coche nuevo en el que le llevo a EL y a mis amigos, esos que aguantaron cuando me desvíe de mi ruta. Me hallo de nuevo en ese punto de partida que, aunque me sigue costando sacrifios, está cargado de ilusiones, de retos y, ante todo, de calma, de mucha calma.

martes, octubre 30, 2007

CAMBIO TRANQUILO II

Hoy he soñado con Eva, John, Alex y con la pequeña Alba. Soñé que estábamos jugando todos en la nieve en Albacete. Cuando me he levantado, he sentido que como decía Freud: "La psique es saía y el subconsciente saca a la luz lo que no tenemos en el consciente". En definitiva: los echo de menos. Espero verlos muy pronto porque, aunque me cueste reconocerlo, los necesito.

Últimamente ando hasta arriba de trabajo, no tengo tiempo para las cosas que realmente me interesan, pero aún así soy feliz. Mis compañeras tienen mucho que ver en ello. Rebeca, Anita, Natalia, Montse y Javi hacen que esta segunda casa (el periódico) en la que vivo sea más agradable cada minuto que pasa.

Esta tarde, en uno de nuestros habituales descansos he estado hablando con Montse. Me encanta como razona los sentimientos. Nuestra conversación versaba sobre las relaciones personales. Son complicadas, pero son nuestra vida, un día a día lleno de cambios, de altibajos, en el que no tienes que parar de caminar aunque te des contra un muro. Pase lo que pase hay que seguir andando. Es verdad Montse, lo que acaba con cualquier relación (del tipo que sea) es quedarse parado. en definitiva la falta de cambios.

miércoles, octubre 17, 2007

CAMBIO TRANQUILO

Hoy he comido con un compañero al que hacía tiempo que no veía. La verdad es que su llamada me ha sorprendido. Eran las tres menos cuarto de la tarde y el Vips de Clara del Rey estaba hasta la bandera. Mi compadre me citaba para decirme que estaba inmerso en un nuevo proyecto. "Estoy contento. ¿Y tú? ¿Todo bien?". "Tranquila", le dije.

A veces me da miedo pronunciar esa palabra, pero en estos días en los que todo evoluciona y el mundo tiende a tambalearse en un vaivén constante, he incorporado este precioso vocablo a mi vida. Señoras y señores he descubierto que cuando el resto de la humanidad se mueve, prefiero estar quieta. Sin miedo, ni pretensiones, sin mirar al futuro, simplemente disfrutar del hoy sin querer predecir qué pasará mañana. Mirar a mi alrededor, llegar a casa con alguien que me espera, leer un buen libro y dormir en paz... Eso, señores, no tiene precio.

miércoles, octubre 03, 2007

DÍAS DE BORRASCA, DÍAS DE NOSTALGIA

Esta mañana el día ha amanecido gris y sombrío. Como todos los días me he levantado de la cama, esta vez con un poco más de pereza, he engullido un par de Pettit Suisse, me he vestido y he salido corriendo hacia el periódico. Al cruzar la calle no he tardado en darme cuenta de que yo estaba como el día.

Al llegar al trabajo he subido las escaleras buscando el refugio de la prensa diaria y he hablado con mi compañera Teresa. Ella no tardó en enseñarme el regalo que le había hecho su hijo. Era una piedra con forma de corazón, la tenía en el bolsillo como si fuera un tesoro. En el fondo, lo era. Cuando me despedí de ella y me senté en mi mesa no paré de darle vueltas a la misma pregunta: ¿Porqué a veces las personas necesitamos grandes cosas para ser felices?

Aquella piedra me hizo recordar que en días como hoy, en los que la lluvia se dedica a borrar la suciedad de las calles, los tesoros más grandes que tengo en la vida no son inertes y tienen nombre propio. Últimamente, no les voy a engañar, ando un poco de cabeza por los amigos que se fueron. Se trata de eso que llaman nostalgia... A veces mientras veo caer gotitas de agua por la ventana, me planteo cuales son los motivos, qué es aquello que busco que me obliga a seguir adelante aquí, sentada en el mismo sitio. Echo de menos estar más tiempo con mi gente, con EL, con mis amigos...

Ayer hablé con Lorenzo. Me dijo que tenía que seguir adelante con mis sueños."Si te rindes ahora, entonces es que realmente no lo quieres. Tienes que seguir, paciente, sin hacer ruido, pero tienes que continuar con tu camino. Utiliza la fuerza de los que no están para salir adelante", me dijo desde Berlín.

Esta mañana, al ver el corazón de piedra del pequeño de Teresa, me acordé de las palabras de Lorenzo, volví a mi sitio y empecé a escribir.

jueves, septiembre 20, 2007

EL CUARTO DE SIGLO

No se si saltar de alegría o tirarme por una ventana. 25 años... ¡Madre mía! En menos de cuatro horas me cae el cuarto de siglo y yo aquí sentada sola esperando cerrar el suplemento de hoy. La verdad es que no me apetece darle más vueltas. En un año se me acabará el carné joven, el descuento de la pelu y me caducará el ticket viaje de la facultad. ¡Que bajón! Menudo periplo esto de cumplir los 25.... Pero a pesar de todo esto, estoy contenta porque he llegado (si no pasa nada de aquí a unas horas) a cumplirlos.

En días como hoy me acuerdo de aquel momento en el que estuve a punto de no volver a escribir una línea. Tuvimos (EL y yo) mucha suerte de que no viniera un coche en la dirección contraria. Desde aquello valoro más la vida. Recuerdo las llamadas que hice ese día, a quien fueron. "Me apetecía oirte", le dije a John muerta del susto.

Estos 25 años no sé que sorpresas me traerán, pero espero que aquellas voces amables que necesito escuchar sigan siempre conmigo. No les voy a engañar, cada persona a la cual le digo que mañana me cae el cuarto de siglo me dice una cosa. Unos me dicen que esperan que "salte al estrellato periodístico", otros que "quieren que me case" y una minoría me comenta que " soy una niña".

¿Saben que les digo? Es verdad, soy una ñina y quiero aprender y seguir adelante, con ganas, con fuerza. Porque la vida, en definitiva, es la que uno recuerda y la que escribe para contarla.